El zapeo compulsivo y furtivo es lo que tiene. Tras devorar de nuevo El nicho de la vergüenza, del merecidísimo Asturias Kadaré, decides, de madrugada, darle al pulgar, casi inconscientemente, y, en una de éstas, te topas con una voz engolada (de ésas que abundan en formatos de lo visceral), una voz que con circunspecta ridiculez anuncia que «en seis días tiene que entrar en prisióooon y no está dispuesto a ir a la cáaaarcel. Sólo ve dos caminoooos: fugarse o quitarse la vidaaaa. Un famoso con la soga al cuelloooo. A continuación, en DEEEEC». Tras tan llamativo reclamo, curiosos, permanecemos atentos. Resumiendo, el invitado en cuestión es Coto Matamoros. Asegura que, por injusticias de la Justicia, desde el día 25 de este mes (ayer) le obligan a cumplir tres meses de cárcel. Él, que ya estuvo entre rejas, juró un día que no regresaría, y sentencia que, tras una fiesta con sus mejores amigos, se quitará la vida. Desconocemos si, cuando estas líneas vean la luz, Coto seguirá con vida. El tema no se presta a guasa, y no seremos nosotros quienes tiren de ella. Es más, el asunto es muy serio. Algunos, inmunes tras retozar demasiado tiempo en el lodazal, así nos lo hacen saber, pero no les creemos. A mitad de entrevista, Jaime Cantizano interrumpe a Matamoros. Entre jijijajás, el siempre risueño Óscar Martínez sortea un viaje a Nueva York. Risas, alborozo, aplausos. Y volvemos al suicidio. Coto, desesperado, ojos vidriosos. No lo hagas, Coto. Que sí, la próxima vez que nos veamos será espiritualmente. La tensión decae, Cantizano pasa a otra cosa. Hasta luego, Coto. Y medítalo, ¿eh?, medítalo. Y Coto se desvanece por un lateral del decorado. Cambia el tono. Retorna la distensión. «La tele es así», dice el cotizado presentador, justificándose, acallando su conciencia. No, Jaime, no. La tele no es así o, al menos, la tele no tiene por qué ser así. Debería ser otra cosa.