Hay crisis que se anuncian y muestran con una variada y elocuente sintomatología pero, no se fíen, otras se precipitan como el peor de los terrores que podían concebir los galos: como si el cielo se derrumbase sobre su cabeza.
Y esas también ocurren, y cuando, para su tranquilidad, haya clasificado su crisis particular en una de las dos categorías, verá que, como decía Buda, lo importante no es saber el nombre del arquero que le disparó la flecha, sino buscar al cirujano que le cure. O dicho al modo de Serrat: «Harto de estar harto ya me cansé /de preguntarle al mundo por qué y por qué». Andando y viendo. Y resolviendo.
La crisis empezaremos a superarla en el momento en que dejemos de excavar en las culpabilidades —evidentes— y de señalarnos unos a otros como acusicas. Y a estas alturas de la Liga, que ya no hay ni Liga, ya no podemos perder el tiempo con el avión de Zapatero, ni debatir si los bancos deben financiar el fichaje de Cristiano Ronaldo: me conformo con que pague al fisco lo mismo que cualquiera con sus ingresos y situación.
Al parecer se aprobó una ley con beneficios fiscales para captar talentos foráneos. Bueno, la inteligencia para jugar al fútbol es como el talento para el ajedrez: se desarrollan en el terreno del juego que le es propio y es dudoso —y en todo caso pendiente de demostración— que pueda hacerse extensiva a otros campos.
Dicen que la crisis está afectando mucho a los vinos de precio medio, pero no tanto a los de lujo (esos tienen siempre compradores y entendidos que saben apreciarlos). Sin embargo y que yo sepa, no tenemos una guía, como en Francia (país que soporta mucho mejor la crisis y con un sistema más sólido) de grands vins a petit prix. Regalo la idea. Hay en el fondo de nuestras rutinas ideas sumergidas, iniciativas ocultadas que palpitan con la potencia del corazón de un cachalote. El líder que, al margen de su clientela, sepa sacarlas a la luz se ganará sueldo y gratitud.