Los humanos, o algo que se nos parecía, han tenido que vivir sobre la tierra 3800 millones de años para ser materia consciente, es decir, para saber que yo soy yo, con mis penas y alegrías, y tú eres tú, con tus amores y desdichas. En el camino de conquistas también ha habido pérdidas que hoy, más o menos intensas, se reflejan en la enorme nostalgia que nos ciñe por habernos separado de la naturaleza, un camino que se inició cuando nuestros antepasados abandonaron el bosque tropical. Uno se podría tirar horas escuchando a un sabio como Juan Luis Arsuaga, que habló con calma el jueves con Juan Ramón Lucas, que lo anunció en La 1 para que nos contara quiénes somos, de dónde venimos. Y de golpe nos trastorna y acongoja la muerte de Michael Jackson y su extravagante sentido de la evolución, un intento de borrar su paso por el bosque, cuando era un negro guapo.
Cuesta descender de las alturas de lo extraordinario para llenarse con la grasa ramplona de lo vulgar y anodino. La reaparición de Emilio Pineda en Australia, con los canguros, fue una simbólica casualidad la misma noche, cuando se estrenó en Telecinco El topo. ¿Quién viste al Tirantes? Con ese concurso de traidores, que ya Cuatro emitió hace unos años, la cadena tendrá combustible para sus vulgares calderas de verano. El estrenó lo vi a trompicones, sabiendo que Daniel Domenjó, desde Madrid, se ha rodeado de humanos de sangre fría para que la asfixiante temperatura del ambiente no descienda un segundo. Pero me interesó más el especial de Amar en tiempos revueltos, que contó la historia de la muerte de Hipólito Roldán, un falangista al que da vida Antonio Valero. Viéndola me alegraba de haber salido de aquella selva de nuestra historia. Y sin nostalgia.