Si miras la tele de Burjassot, parece que no, pero, como cantaría la gran Sole Giménez: «Ah... cómo hemos cambiado». A Mariano Rajoy le dio un apoyo generoso, y como todo lo que él hace, entusiasta, aquel barón arrollador del PP, Francisco Camps, que se lo comía todo hace un año. Ahora es al revés. Ha de ser Rajoy, impelido por la mayoría absoluta de la victoria gallega, los buenos resultados en el País Vasco y la victoria general de las Europeas, quien le empuje de la cadera cuesta arriba en el calvario de los trajes. Esos trajes, ya saben, que han pagado un montón de personas. A Rajoy le sopla ahora el viento de cola y a Camps de cara —¡Ah, cómo hemos cambiado!—, por más que, y a pesar de la victoria campanuda e incontestable del domingo siete, se quiera decir lo contrario.
En un año sopla brisa de renuncia y de cansancio. ¿No lo ven ustedes? El Consell está casi parado. La maldita crisis y, sobre todo, la imparable deuda de la Generalitat Valenciana le han dado la vuelta a muchas cosas.
Fíjense que hasta Gerardo Camps le tomó la palabra al hábil de José Camarasa con un «jueguecito» de preguntas y respuestas y terminó aceptando —¡Cómo hemos cambiado!—que se puedan vender los solares que quedan por rellenar en la Ciudad de las Ciencias pero sin las tres tristes torres y sin Calatrava. También el portavoz y vicepresidente plenipotenciario, Vicente Rambla, al que no le importó hablar en nombre de esa empresa privada, Valmor, que creó el Consell —¿contradictorio?, sí—, afirmó que si cambiaban las condiciones de la F1 habría que renegociar la pasta que le damos a Ecclestone. ¡Cómo hemos cambiado! Un año de crisis da para mucho, lamentablemente. Se han recortado las inversiones en un 35%. Lo que oyen.
La renuncia afecta también a las empresas privadas. Hay algunas promotoras que miran para otro lado y hasta se enojan si algún ayuntamiento quiere darles licencias para los PAI. «¿Te he hecho algo malo, yo?». Otros ayuntamientos, por el contrario, han de dar la cara ante las promotoras que les adelantaron dinero para desarrollar complejos urbanísticos y se lo han gastado ya en funcionarios, gabinetes psicológicos y climatización de piscinas. Las grúas de las obras municipales están oxidadas y los programas de festejos recortados: «"Ie", un toro y una "mascletà" menos.» ¡Vaya cambio! Los ayuntamientos se entrampan con los proveedores y el Consell no les paga lo que les debe, porque el Consell se entrampa con la ilusión.
Hace un año estábamos con la ilusión tremenda de la Copa del América …
—Resérvame entradas y habitación del hotel, por favor…
—Pero si faltan meses…
Y ahora han girado las velas de los ricos del mar y nos encontramos rellenando huecos en la dársena del puerto de Valencia para levantarle el ánimo a ese muerto.
Hace un año se oía el rugir de los bólidos desde Londres —«Resérvame entradas y habitación … »— y ahora los ricos del motor también andan a la gresca y, encima, los ricos-ricos ni cuentan con el circuito de Valencia. Se dijo que había paz entre Ecclestone y los díscolos que quieren hacer otro mundial, pero la cosa, ayer, no se había resuelto.
Teníamos —¡qué buen resumen se hicieron Ballester y Romero el jueves!— grandes proyectos, que ahora, con un año de crisis, en algunos casos, no son ni legítimas ilusiones. «Cómo hemos…»
Adiós a Gloria. Una lástima que la parlamentaria Gloria Marcos haya dejado el hemiciclo en esas circunstancias al modo de la guerra de los Rose. Gloria ha sido coherente toda su vida política. De esos políticos que se creen lo que hacen y que hacen lo que creen. La ex coordinadora de EU sale por la puerta grande. Su trabajo queda en las Corts, y, seguramente, su ejemplo. (Ricardo Costa era sincero y justo cuando la calificó en nombre de su grupo de diputada ejemplar.) Su trabajo en la calle, de compromiso, cercano a la gente, a los militantes de base, también. Como dice un amigo ya jubilado, la ideología se demuestra con el bolsillo. Al renunciar a su escaño, y en la forma en que lo hace, pierde un finiquito de 30.000 euros. Que se sepa.