Significados metafóricos y literales

 

Juan José Millás

Hasta que se popularizaron los transplantes de cara, ignorábamos que el término «descarado» tuviera un sentido literal. Pero hay, en efecto, gente sin cara como hay gente sin brazos o sin piernas. Metafóricamente, un descarado es un sinvergüenza. Lo curioso es que tener «mucha cara» significa lo mismo. Va a ser verdad, como decía mi pobre padre, que los extremos se tocan. Los padres suelen llevar razón con veinte, treinta y hasta cuarenta años de retraso, lo que constituye un auténtico desastre, pues sólo hay algo peor que una mentira: una verdad a destiempo. En mi infancia, había dos clases de niños: los descarados y los educados. Los educados eran, en realidad, tímidos. Lo sé porque yo era educado. Cuando mis mayores me felicitaban, ignoraban estaban promocionando mi timidez, mi miedo a la realidad, mi pánico a la gente. En fin la vida.
Ya se han autorizado en España los transplantes de cara. Y hay lista de espera. Las autoridades, para despejar las dudas de los donantes, aseguran que el rostro transplantado no se parecerá al que lo cede, sino al que lo recibe. O sea, que es la calavera la que imprime carácter. El rostro viene a ser como el musgo sobre la piedra: se adapta a sus irregularidades. La misma cara, sobre calaveras diferentes, tiene expresiones distintas. Estos días hemos visto por la tele varios rostros transplantados y aún no quedan muy bien, pero todo se andará. En ese terreno, estamos en la edad de la mecánica. Cuando se llegue a la de la genética, bastará colocar sobre el hueso el gen de la cara para que salga una cara nueva. Lo bueno es que ni siquiera tendrá que ser un gen de ser humano. Cuando a una mosca le pones el gen de un brazo, fabrica un ala, porque el gen sabe que en ese contexto orgánico es lo que toca. Del mismo modo, si sobre una calavera humana pones un gen de mosca, sale un rostro como el mío, o el de usted, no se ofenda, no estamos tan lejos de las moscas. Lo sorprendente, como señalaba al principio es que una expresión (ser un descarado) nazca como metáfora y evolucione hacia la literalidad, pues lo normal es lo contrario. Dentro de nada, llamar a alguien descarado será políticamente incorrecto. Protestarán las asociaciones de la gente sin cara.

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