Si está Lucía Riaño haciendo de hada buena, no me lo creo. Esta señora muerde sin que lo parezca. Sé que lío a la profesional, capaz de hacer lo que le echen, con la obra que representa, lo sé. Sé que una cosa es quien presenta un guión en el que apenas interviene y otra el guión. Quiero decir que estoy capacitado para discernir entre la malvada Carmen Orozco y la actriz Concha Velasco, entre el mensaje y el mensajero. No es poco en este tiempo sin escrúpulos en el que señores y señoras que deberían ser ejemplares, entre otras cosas porque viven, y muy bien, de nuestro dinero, aprovechan su privilegio para liar, a conciencia, con algo tan básico como el mensaje y el mensajero. Si yo hablo de gentuza en el PP, que se lo ha llevado crudo, no soy el malo. El malo es quien ha puesto el cazo. Son conceptos básicos. Hasta Luis Bárcenas lo entiende.
La pena es que ha dimitido como tesorero del PP, no como senador. El PP puede confiar sus dineros en quien quiera, y me deja frío que dimita con pompa por sus circunstancias, pero como senador sigue en su escaño, es decir, como ciudadano me siento estafado. ¿Qué dignidad tiene el PP que no tengamos? Un tesorero puede ser como sus jefes consientan, un senador ha de ser, y parecer, digno de confianza. También son ideas básicas. Lucía Riaño será, no lo dudo, una excelente persona, pero si está en Factor ADN, huelen las vísceras.
Telecinco no da puntada sin hilo, y cuando elige a alguien, elige a conciencia. Factor ADN, que se estrenó el martes, debería de empezar y terminar en un análisis. Pero no, en medio irrumpe la televisión montando el drama del posible parentesco con la peor caligrafía. Mensaje y mensajero son la misma cosa. El ADN no engaña.