El Ayuntamiento de Cullera ha abierto un camino en el plan de ahorro, ese que muy pocas corporaciones locales, provinciales y autonómicas han puesto en marcha. El municipio ha decidido aprovecharse de la sociedad del despilfarro en la que nos encontramos, donde sobran los juguetes abandonados, la ropa que nunca nos pusimos y las casas vacías que casi nunca ocupamos, y reutiliza los vehículos que se abandonan en la calle, los olvidados. Genial y único este sistema de reciclaje. Seguramente tendrá problemas de tiquismiquis burocráticos, de burócratas hartos de trigo, de gente que nunca ha vivido mejor, de sindicalistas remirados, pero a mí me parece fantástico. Es más, deberían poner contenedores, junto a los del papel, plástico y basura orgánica: «Sólo coches de gasoil, sólo coches de gasolina. Deposite aquí los todoterreno».