AVE regional. Así se llama el tren que vuelve a cruzarse en el camino de las difíciles relaciones entre dos administraciones, el Consell valenciano y el Gobierno central, que parecen condenadas al desentendimiento permanente, especialmente en materia de infraestructuras. La Generalitat Valenciana ha convertido su proyecto de AVE regional en uno de los puntales para «vertebrar» el territorio. En total se trata de cinco líneas: el tramo central (Utiel-Valencia); el tramo norte (Valencia-Castelló-Aeropuerto-Maestrat-Els Ports»); el tramo sur (Valencia, Xàtiva-Villena-Alicante-L´Altet-Elx-Orihuela); el tramo de costa (Valencia-Gandia-Dénia-Benidorm-Alicante), y al tramo de Torrevieja (Torrevieja-Tramo Corredor Mediterráneo Sur). El principal problema es que para llevar a cabo esta red ferroviaria el Consell necesita utilizar la plataforma del AVE del Ministerio de Fomento y, según señalan desde dicho departamento, nadie se ha puesto en contacto con ellos para exponerlo, ni el tema se trató en el encuentro entre Francisco Camps y el ministro José Blanco —desde la Generalitat aseguran que se remitió un proyecto en 2008—. A pesar de ello, el Consell ya ha iniciado los contactos con empresas inglesas que explotan líneas ferroviarias privatizadas en su país. La situación, nuevamente, es kafkiana. No hay que ir muy lejos para recordar que la falta de comunicación ya ha llevado recientemente a las dos administraciones a encargar en paralelo proyectos de una autopista de peaje junto a la A-3. Una situación que no debería repetirse.