La auténtico susto el escenario que dibuja el resumen de las cuentas de 2008 de la Generalitat Valenciana. ¿Puede todo un gobierno autonómico resquebrajarse por sus grietas financieras, por sus deudas? No lo sabemos, pero es evidente que se está llevando peligrosamente la gestión de los fondos y el gasto públicos. Esa «empresa» ingresó en 2008 menos que en 2007, pero gastó mil millones más. Eso no hay economía que lo aguante. Y eso que todavía no conocemos hasta dónde llegan los resultados deficitarios, sin duda, de todas y cada una de las empresas públicas que dependen del Consell. La Generalitat Valenciana acabó el ejercicio de 2008 sin abonar 2.535 millones que debía. ¿Cuántas empresas están ahora cerrando, a punto de cerrar o ya han cerrado por culpa de estos impagos? No llegarán a conocerse esos datos. Pero sí que los proveedores más tocados por la deuda del Consell hace tiempo que, ayunos de los ingresos de la Generalitat, adelantan sus fondos para cubrir sus gastos y además, para ello, han de pedir préstamos, con lo que la herida es más profunda y más duradera todavía. Las asociaciones empresariales han roto su habitual cautela y han reclamado que se les pague como una ayuda directa para superar la crisis. El impacto social es incalculable, pero no parece que se hayan introducido cambios en la gestión. El Ejecutivo, por ejemplo, había previsto meter en caja 6.113 millones pero sólo reconoció derechos por sólo 5.197. En 2008 perdió un 5%. Mal negocio. Urgen las decisiones de calado tan profundo como la gravedad de la situación.