El hombre es el único animal —no entra en el refranero la mujer— que tropieza dos veces en la misma piedra y el Ayuntamiento de Valencia, hasta tres. A la muy noble calle de los Caballeros de la doblemente leal ciudad de Valencia le ha caído la maldición de los adoquines. Y a sus vecinos, también. A alguien se le ocurrió en su día que colocar piedras labradas rectangulares podría evocar su pasado medieval, cuando Valencia extendía su poder por todo el Mediterráneo y levantaba en ese tramo los más bellos palacios que imaginarse puedan, sin caer en dos pequeños detalles: aumentan el ruido de los coches y se levantan inexorablemente. ¿Ha servido la experiencia de estos últimos tres años en los que se han repuesto, primero, los rotos y, luego, se han parcheado los huecos? No. Vuelven los adoquines. Vuelve el ruido y volverán los parches de alquitrán.