El transplante de cara que ha tenido lugar en el hospital La Fe es un logro de la medicina (la primera intervención de este tipo en España y la octava en el mundo) y al mismo tiempo un ejercicio máximo de generosidad. La familia de un ciudadano belga afincado en la Comunitat Valenciana ha hecho posible, con su autorización para la donación, que un hombre en la plenitud de su vida, Francisco M. G., con 43 años, tenga la oportunidad de ver reparada la huella terrible que un cáncer ha dejado en su rostro.
El cirujano Pedro Cavadas, un amplio equipo de más de treinta profesionales e infinidad de servicios y departamentos de la sanidad española han puesto los medios pero el conocimiento y la técnica no habrían servido de nada sin donantes. España encabeza la clasificación mundial de países en número de donaciones por cada mil habitantes pero ese liderazgo está cimentado sobre las entregas de riñones, corazones, pulmones, etc. Nada de rostros. Seguramente por la tradición de cuidar al máximo el aspecto de los difuntos en los velatorios, las personas resultan generosas con sus órganos internos, los que no afean su cadáver, pero esa solidaridad no ha regido hasta ahora en lo que se refiere a la cara.
La medicina ya ha demostrado que es posible el transplante de rostro. Ahora faltan más donantes, personas generosas que secunden el gesto de la familia de ese deportista belga que ha proporcionado a Francisco la oportunidad de una vida mejor.