De modo que dieciséis criaturas que vienen a Valencia a pasar calor en el centro histórico —calor histórico, pero calor al fin y al cabo— se quedan encerrados, entre rejas y nunca mejor dicho, en el museo de las Torres de Quart porque, según parece, al responsable carcelero le dio por largarse antes de la hora que pone en los carteles y resulta que desde el Ayuntamiento de Valencia, modelo de transparencia, ni el concejal de esto ni el de aquello han querido dar explicaciones-excusas. ¿No les parece a ustedes que si esconden el morro para esto es posible que lo hagan para cosas más gordas y de mayores consecuencias? A mí es que me escama. ¿O es simplemente un privilegio de funcionario que no dé la cara el político de turno ante un desaguisado así? En el Hospital Gregorio Marañón de Madrid no les importó vender la piel de la enfermera a las pocas horas de aquello.