Como si de una condena fatal se tratara, ha rebrotado la legionela en Alcoi, después de tres años sin apenas casos. Esta fatídica relación de la ciudad con la bacteria se iniciaba en septiembre de 1999 cuando se detectó la primera de las catorce embestidas que ha sufrido en todo este tiempo, en el que se han dado momentos de gran angustia entre la población y de desconcierto entre las autoridades sanitarias y profesionales. Hasta cien personas estuvieron afectadas en el invierno del año 2000. La Generalitat Valenciana llegó a aprobar la primera normativa de prevención de la legionela en tres decretos diferentes. Pero de nada ha servido. La enfermedad ha vuelto de forma recurrente en mayor o menor grado de agresividad hasta 2005. El balance es de más de 200 infectados y una docena de fallecimientos. Dicho lo cual nadie puede extrañarse de la exasperación de los vecinos ni de la incompetencia del Consell para combatir definitivamente esa bacteria. Se deberían tomar medidas especiales, acudir al asesoramiento internacional, rastrear por todos los medios las fuentes de propagación para que esta sea la última vez. Pero la falta de información oficial sobre el foco de los distintos brotes hace dudar del auténtico origen de la legionela en Alcoi. No se ha estudiado, está claro, suficientemente. Tampoco se permitió investigar en las Corts con los medios y el tiempo adecuados. Nunca se ha puesto sobre la mesa ninguna dimisión. La legionela vuelve y parece que sea tan inevitable como un ciclón. ¿Si en otros puntos no se reproduce por qué aquí sí?