Es muy habitual, en esta época del año, encontrar caracoles de tierra de diferentes especies pegados a las paredes de casas, muros de zonas agrícolas, piedras, etc, incluso a pleno Sol. ¿A qué es debido? Se encuentran a la espera de condiciones óptimas, mucho más húmedas que las actuales cuando llevamos casi dos meses sin precipitaciones abundantes, con el fin de evitar que su cuerpo se seque. El mayor enemigo del caracol es la deshidratación, por ello, estos moluscos se adhieren a superficies lisas y cierran la abertura de su concha. Fabrican una especie de lámina hermética y calcárea, llamada epifragma, que se adhiere a la superficie. Es una forma de estivación –letargo durante el verano- con el fin de pasar la época en la que no hay vegetación verde para garantizar su alimentación. Así que, si vemos un caracol adherido a cualquier superficie, mejor lo dejamos tranquilo porque está en reposo. De lo contrario, destruiríamos esta película protectora que tendría que volver a elaborar, además, con un gran coste tanto de agua como de energía.
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