No es frecuente que un programa que marcará la temporada inicie su andadura cuando el mes de agosto aún no ha terminado. La mañana de La 1 nace para quedarse. No hay otro remedio. La televisión pública no puede prescindir de ese horario, aunque parece claro que hasta ahora, con todos los intentos, se le ha resistido. La etapa de Inmaculada Galván, desvinculada por fin de la cadena, no pasará a la historia. O sí, por insulsa. No es mala idea adelantar un estreno tan potente y de tanto prestigio antes de que las colegas de las otras cadenas acudan al tajo a primeros de setiembre. Obviemos que La mañana de La 1 no es un nombre que haya requerido reuniones, sudores, descartes, derroches de imaginación, convengamos en que La mañana de La 1es tan de cajón que ya existen, en radio y televisión, nombres parecidos, pero valga si el contenido no abochorna.
Mañana aparecerá, después de 20 años ausente de TVE, Mariló Montero, una navarra con espíritu andaluz. Lo último que conozco de ella es El meridiano, tertulia política que moderaba en Canal Sur con más imparcialidad de que su marido, Carlos Herrera, que en las ondas cada vez que abre la boca sube el pan. Lola Molina, directora de los programas y los contenidos de la televisión pública, apostó fuerte por el programa, que pretende nada menos que hacernos felices si lo vemos, es decir, esquivar la realidad más dura y atender los aspectos más amables de la vida, esos que aportan optimismo y ganas de vivir. En tres horas y media dará tiempo a todo, hasta de solazarse en la competencia, restregando el lomo por los estercoleros en los que, de tan acostumbrados, ni notamos las pulgas. Javier Capitán está en el equipo. Me raya. ¿Lo hundirá? Emocionante.