Al tranvía de Valencia, que tiene las ruedas duras, el ayuntamiento le pone un lecho de césped en la Ciutat de les Arts. Y a los miles de ciclistas y deportistas de a pie les quieren cambiar los casi once kilómetros de carril bici de tierra en el Jardín del Turia por adoquines. Parece una broma. Como la de Ramón Isidro, que dice que mientras él sea concejal (declara, solemne) el verde artificial no entrará en la capital, que para eso dispone de unos 40 pozos con agua de riego. Ya se las verá con la Confederación del Júcar, que le disputa esos pozos y casi todo. Así que mientras el omnipresente Alfonso Rus, presidente provincial del PP, reparte campos de césped artificial por esos pueblos porque no gastan agua (no por lo baratos que son, desde luego), Isidro Sanchis resiste con el verde natural para el tranvía. Y los ciclistas que se rompan las piernas con los adoquines.