Esto que dice el Ayuntamiento de Valencia de los adoquines que quiere poner para el carril bici del Jardín del Turia de que no van a provocar vibración a los ciclistas es como cuando dijeron que las baldosas rosas que estaban colocando en la plaza del Ayuntamiento habían sido sometidas a pruebas para asegurarse de que, cuando lloviera —porque aquí llueve, quieras que no, bastantes veces— la gente no se escurriría. Falso de toda falsedad. Te escurres, aunque no lleves tacones. Ahora aseguran que el empedrado del jardín para los ciclistas será un adoquín de la leche, que irán perfectamente lisos y juntos. Cuando lo pruebe, lo diré. Es como la extraña señalización que se han inventado para el efecto. Entiendo que es complicado regular el paso de bicis y peatones, pero más entender esas placas que más parecen pruebas de agudeza visual que señales de tránsito.