Ante la próxima Cumbre del Clima de la ONU, que se celebrará el Copenhague el próximo diciembre, se está consolidando el concepto de justicia climática, también tratado en el último foro del G8. Entre los desafíos de este encuentro está la definición del nuevo compromiso de reducción de emisiones de CO2, que sustituirá el Protocolo de Kioto, y potenciar la economía ecoeficiente. Ésta implica una gestión tanto de la competitividad, como de la energía y el clima. Esta ecoeficiencia requiere justicia climática, es decir, atender a los países pobres, los más vulnerables y expuestos al cambio climático (y sólo hay un 1% de los recursos necesarios para su adaptación). Además, este modelo de justicia debe llevar a los países desarrollados a liderar la disminución de emisiones de efecto invernadero, como también a impulsar las tecnologías limpias, en sus territorios y en los países en desarrollo. Entre las metas de Copenhague para las economías fuertes: reducir un 40% el CO2 en 2020 y conceder 150.000 millones de euros anuales a las áreas desfavorecidas del planeta.
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