Me has engañado, y vengo aquí a pedirte una indemnización de 3000 euros por el daño que me has hecho, porque cuando me diste las cenizas de mi Ramón en la urna venía un diente, y mi Ramón tenía dientes postizos, que hubieran ardido con él, así que lo que me diste no era mi Ramón sino los restos de otro cadáver. Es el planteamiento, nudo, y casi desenlace de una de las funciones de teatro que cada día, antes del gran espectáculo de la tragicomedia de sus informativos, emite Telecinco en De buena ley, un esperpento al que se suma un señor togado, Gustavo Larraz, que se mete hasta el corvejón en su papel al escuchar a las partes, que cada día saca una pajarita al cuello, y que dice con voz de pocos amigos que se retira a deliberar dando un mazazo en la mesa con un martillo de madera. ¿A deliberar? ¿Con quién, si sólo está él?
Al programa hay que echarle de comer aparte. Todo es mentira. Parten de un vago eco de la realidad, que acaba siendo materia de ficción. No descubro nada. Es un hecho que hasta la productora ha reconocido y las entradas de Internet llevan tiempo comentando. Vale. Todo es falso, son actores quienes litigan, el leguleyo dicta sentencia pero sólo es un abogado, el público del estudio se contrata para que polemice, Sandra Barneda hace que avance el guión, la que llora porque no le han dado las cenizas de su Ramón es una gran impostora, el dueño del tanatorio que teme ver su reputación tirada por los suelos, porque en los pueblos ya se sabe, insistía el falso empresario, se llevó unos euros a casa después de su interpretación, o sea, que tiras de la manta y llegas al origen, la tele crea su propia realidad. ¿Como los mejores vídeos de De Cospedal? Qué decepción.