Para tratarse de un miembro del equipo de confianza del presidente de la Generalitat, la dimisión irrevocable del director general de RTVV, Pedro García, ha resultado extremadamente precipitada. Tanto, que el Gobierno de Francisco Camps ha nombrado a su suplente, José López Jaraba, por decreto, sin esperar a que se pronuncie el consejo de la radiotelevisión pública, que se reúne hoy.
Las formas, en democracia, son también importantes, y no debía haber sido necesario recurrir a un decreto del presidente para nombrar al nuevo director general, aunque sea como suplente, dando por hecho que el Partido Popular tiene la mayoría suficiente para sacar adelante el nombramiento en el consejo de administración de RTVV.
Aunque parezca sorprendente, la ley que regula la televisión autonómica no establece ningún régimen de suplencia del director general, y el decreto que nombra al nuevo titular se ampara en «las importantes funciones del cargo» y «las fechas en que se ha conocido la dimisión» del saliente, aludiendo a la última semana de agosto, aunque esa misma fecha haya sido la elegida por el presidente del Consell para introducir cambios internos en su Gobierno, donde las funciones también son importantes y el mismo verano vacacional dominaba el calendario. La seguridad con la que el presidente Camps manda en el Diario Oficial es la base de ese decreto, un texto que debía haber esperado.