Los costes sociales y económicos del bajo rendimiento escolar son sensiblemente mayores que los costes de la actual crisis financiera. Al menos ésta es la idea central sobre la que pivota el último informe de la OCDE, del que es autor Jamil Samil sobre la situación de la educación en los países que integran dicha organización.
Prácticamente en todos los países desarrollados se han puesto en marcha en los últimos tiempos planes de financiación del sistema educativo como parte fundamental de las estrategias anticrisis, convencidos los responsables políticos de que si se quiere tener de nuevo una economía fuerte, lo mejor que se puede hacer es tener una población activa bien educada y preparada para atender los mercados de trabajo cada vez más exigentes, competitivos y globales.
Ahora bien, lo que no está claro es que esa financiación se esté dirigiendo en la mayoría de los países al lugar donde más se necesite. El preocupante fracaso escolar que se viene registrando en el sistema educativo valenciano, al igual que ocurre en el conjunto de la educación en la sociedad española, es desgraciadamente más frecuente entre el conjunto de países que integran la OCDE que la situación contraria, ya que son muy pocos los países que como en el caso de Canadá, Finlandia y Corea del Sur están consiguiendo unos niveles cada vez más excelentes de rendimiento escolar.
El error más común que se está cometiendo es la falta de prioridades a la hora de seleccionar la financiación del sistema educativo, habida cuenta de la evidencia de que el simple incremento de las cantidades de dinero gastado por término medio en cada estudiante tiene un efecto cero sobre el rendimiento escolar. Más ordenadores en las aulas, mejores edificios, profesores mejor pagados o mayor número de becas tienen un retorno mucho menor de lo que pretenden las nuevas políticas de financiación, ya que no están impidiendo, como ocurre en el caso valenciano y español, que continúe aumentando el fracaso escolar y la deficiente adquisición de capacidades intelectuales por parte de los jóvenes que abandonan o salen cada año de los diferentes niveles educativos, desde el primario y básico hasta el universitario.
En otro estudio de la consultora McKinsey, muy en línea con el referido informe de la OCDE, se insiste en que los mejores rendimientos no provienen de mejorar la financiación de los estudiantes y escuelas que ya disfrutan de un rendimiento medio aceptable, sino en esforzarse por recuperar a los estudiantes que van rezagados, que en muchos casos, aunque no siempre, provienen de familias de inmigrantes y de grupos sociales desfavorecidos. Y es que si se consigue mejorar el rendimiento de la juventud excluida o mal preparada, que puede superar el veinte por ciento de todos los jóvenes como ocurre en el caso valenciano y español, no solamente se obtienen mejores compensaciones individuales como también se consiguen mejores beneficios en términos de mejoras de productividad y del PNB.
Pero no se trata sólo de mejoras económicas, ya que son también evidentes las mejoras sociales que produce la reducción del fracaso escolar, tales como tasas más bajas de delincuencia juvenil, menores necesidades de programas de protección social y una apreciable mejora de la integración de la población inmigrante y de la población de los grupos más desfavorecidos.
Parece, pues, evidente que hay que centrar los mayores esfuerzos financieros en evitar el fracaso escolar en las primeras etapas de la educación básica, pues el hacerlo en etapas más avanzadas no sólo es más costoso sino que también, con demasiada frecuencia, bastante inefectivo. Y para ello nada mejor que contar con un profesorado socialmente respetado y profesionalmente motivado, que colabore con las familias de los alumnos y que no se encuentre implicado en batallas políticas autodestructivas. El caso valenciano y español de la mal diseñada asignatura Educación para la Ciudadanía, y la falta de consenso y coherencia en el uso de las lenguas de enseñanza y comunicación son desgraciadamente ejemplos de políticas educativas que en lugar de favorecer dificultan de hecho el buen rendimiento escolar.
Catedrático de Sociología de la Universitat de València.