La Tercera República

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Enrique Herreras

Estos días ha sido simpática, incluso simbólica, la imagen del rey don Juan Carlos recibiendo al coordinador de IU, Cayo Lara, quien lucía un pin con una bandera republicana en la solapa. Según sus declaraciones, después de la entrevista, el Rey se tomó con «normalidad democrática» la petición de su partido de organizar un futuro referéndum «por la III República» para que «todos los ciudadanos puedan decidir el modelo de Estado» que quieren en España.
No obstante, habría que matizar este tema porque se sigue confundiendo el sentido de «república» histórico al que le da la filosofía política. Ciertamente, la república es un sistema que irrumpe en contra de las monarquías, arguyendo entre otros muchos asuntos que cualquier ciudadano puede llegar a ser jefe de Estado. Pero su sentido filosófico dice más cosas a este concepto.
El republicanismo propone una democracia participativa y no elitista. Y a los ciudadanos republicanos se les exige algo más que un sentido del voto en función de sus propios intereses. Hay que tener en cuenta que la tradición republicana se contrapone a la liberal, ya que en sus planteamientos, el estatus de los ciudadanos no se determina sólo por el modelo de libertades que éstos pueden reclamar como personas privadas (libertades negativas). Desde el punto de vista republicano (libertades positivas), el objetivo es un ciudadano que participa activamente en la legislación y administración de una buena polis, deliberando con los demás sobre qué es para ella lo justo y lo injusto. La educación para la ciudadanía es la clave ineludible de una visión republicana.
También el proceso de formación de la opinión y de la voluntad políticas en el espacio público y en el Parlamento no obedece a estructuras de mercado, sino deliberativas. La democracia republicana es un estilo de vida, y no sólo un mecanismo para la elección de élites políticas. Decía Sartori que el concepto de democracia tiene realidad pero también idealidad. Los liberales se agarran más al primer aspecto, los republicanos al segundo.
En fin, es legítimo y razonable demandar la Tercera República, sobre todo por la memoria que ocasiona lo positivo de la segunda, pero también hay que tener en cuenta que el ideal republicano poco tiene ya que ver con la mudanza de una monarquía a una república. Y casa, si se realiza, con una monarquía constitucional. Además, si bajamos a la realidad, podemos observar que hoy hay monarquías más republicanas que muchas repúblicas. Lo importante es poner en la práctica las condiciones para que esa participación y deliberación sean significativas. La calidad democrática.

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