Ha hecho bien el ministro de Trabajo en reconocer lo evidente: que los ciudadanos tenemos la impresión de que el Gobierno improvisa a la hora de adoptar medidas contra la crisis económica. El último ejemplo de esa improvisación ha sido poner fecha para que los parados que no tienen ninguna prestación puedan cobrar esos 420 euros que les ayude a paliar su situación.
El Gobierno da la impresión de ir adoptando medidas según se les ocurre, pero sin orden ni concierto, es decir lo que los ciudadanos notamos es una falta de dirección para salir de esta crisis. Pedro Solbes estaba abrasado como responsable de nuestra Economía y Elena Salgado no termina de generar confianza, de que los ciudadanos nos creamos que sabe por dónde hay que ir.
En cuanto al presidente, el talante y la sonrisa, no son suficientes para que la sociedad se tranquilice cuando todos los días aumenta el número de parados. Pero a pesar de todo esto hay que reconocer que este Gobierno, aunque no es eficaz gobernando, si tiene al menos sensibilidad social, e intenta ayudar a los más desfavorecidos por la crisis. Es el caso de los 420 euros. El problema es que las arcas del Estado están casi vacías y la deuda ha aumentado de manera alarmante. Y pienso yo que llegados a este punto, cuando el paro aumenta cada día, es más necesaria que nunca la solidaridad y que el dinero del Estado llegue a los más necesitados. Y eso exige un esfuerzo por parte de todos, pero sobre todo de los gobernantes y de las Administraciones Públicas.
Es el momento de ahorrar, de suprimir todos los gastos superfluos, de cortar con toda esa riada de euros que se gastan las Administraciones en pagar informes a no se sabe quién, en que las comunidades hagan una política faraónica y se dediquen a abrir "embajadas" a lo largo y ancho del mundo, en dedicar dinero a partidas presupuestarias prescindibles.
Pero en vez de eso, asistimos a una pelea de gallos por parte de algunas comunidades exigiendo más y más dinero al Gobierno, y en esa exigencia hay toda una declaración de falta de solidaridad, de que cada cual va a lo suyo sin importarle el resto. Hay ocasiones en la vida en que es inevitable improvisar, también en política, pero yo creo que si además de esa política casi permanente de improvisación del Gobierno al menos fuera acompañada de un plan de austeridad público, las cosas irían un poquito mejor. Se puede hacer un arte de la improvisación o un fiasco y lo malo es que estamos en lo último.
Y en la foto, la ministra. Recién nombrada ministra, Trinidad Jiménez se encontró con una pandemia, la de la gripe A, encima de la mesa. Un toro casi imposible de lidiar, pero la ministra ha sido capaz de coger a ese toro por los cuernos y por ahora va saliendo más que airosa de la lidia. La foto de Trinidad Jiménez rodeada de todos los consejeros de Sanidad de las Comunidades Autónomas demuestran su capacidad política. Porque hasta ahora había sido imposible poner de acuerdo a los consejeros autonómicos de sanidad en ningún asunto, y todo hacía prever que con la gripe A, las reuniones terminarían sin acuerdo.
Sea por la habilidad de la ministra o sea porque los consejeros han entendido que con este asunto no se juega y que el que rompa el consenso lo tendrá difícil para explicárselo a los ciudadanos, lo cierto es que ha supuesto una alivio verles a todos en la foto.