Una nueva edición de la Semana de la Moda comienza en apenas unos días en Valencia. El evento nació hace más de un lustro con la idea de convertirse no sólo en un escaparate del sector del diseño y la moda sino también en un acicate para la el desarrollo y la evolución de la propia industria. Durante sus siete ediciones, la Semana de la Moda ha servido para presentar nuevos creadores, más o menos afortunados en su aventura empresarial, reconocer a profesionales consagrados y también para crear en torno al evento una serie de expectativas. Durante los últimos años el certamen ha ido cambiando de emplazamiento y sus objetivos han ido siendo modificados hasta consolidar un perfil que no a todos convence.
Sin embargo, la imagen boyante e ilusionante de la original Pasarela del Carmen se ha visto enturbiada por determinadas discrepancias tanto de carácter interno como sectorial. Las disidencias de algunos de las principales figuras del sector y sus críticas, acertadas para unos e injustas para otros, no ha hecho sino focalizar la atención externa en el continente más que en el contenido de las diferentes convocatorias.
Las reivindicaciones de unos y otros, incluido el mundo de la alta costura que desde sus inicios se ha mantenido al margen, se han hecho en los últimos días más evidentes. Desde todos los sectores se reclama una reflexión abierta y amplia en torno a este proyecto que goza de una generosa financiación institucional. La propia Administración debería ahora promover este diálogo que, ante la divergencia, se presume necesario para relanzar todo un sector.