Las microalgas se han convertido en uno de los ámbitos de investigación estrella para intentar controlar el calentamiento global. Por una parte, estos organismos se estudian porque pueden convertirse en fuente de una energía alternativa, mientras que también muestran una importante capacidad para almacenar gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono (CO2). Ante la polémica por la producción de biocombustibles, por la competencia con el sector alimentario, se estudia la producción masiva de microalgas para la generación de combustibles; una alternativa que no requiere grandes superficies ni terrenos fértiles, mientras su cultivo en un ciclo cerrado es eficiente con el uso de agua. Además, captan CO2. En esta segunda línea, un equipo de científicos dirigido por la Universidad de Cádiz analiza diversos tipos de microalgas marinas para diseñar un catálogo que informe sobre su diferente capacidad de absorber CO2 —y desprender oxígeno mediante la fotosístesis— y su utilidad como biomasa.
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