No hay duda: la cuesta de septiembre es mucho más empinada que la de enero. Sobre todo en circunstancias como las que padecemos en esta terrible coyuntura económica. Tras las vacaciones de verano, los ciudadanos se topan con una cartera de gastos que desborda largamente lo que es habitual en cualquier otro mes del año. Tras los extras vacacionales, el inicio del curso escolar exige a las familias valencianas un presupuesto especial, y más si tenemos en cuenta que la Comunitat Valenciana es, con 993 euros de media por alumno, la tercera autonomía más cara en gastos escolares. No hay que perder de vista que el nuevo curso debe ser afrontado por un elevado número de familias con alguno de sus miembros sin empleo y que en muchos casos ha dejado de estar amparado por el subsidio correspondiente. Si en el entorno convencionalmente instalado en el mundo laboral el desembolso en el capítulo escolar es ya un problema grave, es fácil entender que en los núcleos en que el paro ha creado un principio de desestructuración social se elevan las dificultades hasta extremos insostenibles. Las ayudas de los gobiernos, tanto del central como del autonómico, no parecen suficientes en circunstancias como las actuales, y más cuando el acceso a la información sobre las mismas suele ser especialmente complicado para determinados sectoriales sociales. Así, septiembre trae consigo la necesidad de un nuevo esfuerzo para quienes ya lo venían haciendo de manera titánica en fases anteriores. La cuesta de septiembre, particularmente la de este 2009, se hace muy impracticable para una amplia mayoría social que tampoco puede consolarse con la perspectiva de soluciones más o menos próximas.