Los vecinos de El Raval de Barcelona están escandalizados porque las prostitutas y sus clientes fornican a la vista de todos, en portales y zaguanes (el zaguán es que es golfo hasta en el nombre), entre los automóviles aparcados o bajo las columnatas de los porches y en las callejas que rodean el mercado de la Boquería. Pero eso mismo ocurre en el solar entre las calles Torno del Hospital y Roger de Flor, barrio de Velluters, Valencia. Y desde hace mucho. El aliviarse de las presiones de la vejiga o del escroto en cualquier sitio siempre ha sido algo muy propio de este país de desplantes y majezas. En el Siglo de Oro los orinales se vaciaban desde el balcón. Lo civilizado, sin embargo, es el retrete, el bidé, la media luz y la alcoba.
Los homínidos descubrieron muy pronto que eran muy vulnerables en la defecación y el apareamiento, dos vicios posturales muy amenos, pero con la amenidad viene la distracción y la aprovechan los predadores. Prueben, si no, a aliviarse mientras vigilan, pongo por caso, los movimientos del conseller Rafael Blasco. Imposible. El pudor vino luego y no es relevante a estos efectos. Ya me gustaría que nuestro barrio chino tuviera la mitad de vida que El Raval barcelonés, aunque sea vida de prestado: la de gentes tostadas, con minaretes y curris, me encanta el curry. Sin embargo, Barcelona ha logrado oler aún peor que Valencia, lo que no es nada fácil: es la combinación del éxito imparable, el turismo casposo, los vuelos «low cost» y los hoteles de altísimo precio. Dicen que la crisis tiene que ver con este mercadeo carnal a cielo abierto y en oreo. Hacen como el Banco de Santander, es un ejemplo: cierran oficinas y reducen costes. ¿Un rapidillo? A todo eso el PSC —partido de gobierno en Cataluña— ha dicho que propugna la abolición de la prostitución y estoy seguro de que con un pequeño esfuerzo adicional conseguirán suspender la ley de la gravedad y, con efecto retroactivo, el código de Hammurabi. Es difícil que se enteren de lo que ocurre: viven en remotas y seguras urbanizaciones de césped impoluto. Otro vicio postural.