Un nuevo fallo en el metro de Valencia, el desvío de un convoy de la línea 5 a las vías de la línea 3 por un error en un cambio de agujas, provoca de forma inevitable la alarma entre los usuarios y los ciudadanos en general, aunque los responsables de Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana (FGV) afirmen que en ningún momento estuvo en peligro la seguridad de los ocupantes.
En una ciudad que ha vivido en 2006 el peor accidente de metro, con 43 muertos, en el que influyeron de forma decisiva el material rodante y las insuficientes medidas de seguridad activa y pasiva, es perfectamente lógico que los viajeros se alarmen ante cualquier incidencia, aunque sea menor, y avisen, y reclamen, y protesten. Sin embargo, el fallo en un cambio de agujas y el trasvase de un convoy de una línea a otra no es un error nimio, ni debe ser tratado como tal en el clima de desconfianza que aún hoy genera el suburbano que atraviesa la capital.
A mayor abundamiento, fuentes conocedoras del servicio señalan que no es la primera vez que se produce este fallo atribuido a un error humano. En este marco, y teniendo en cuenta que los usuarios del metro son habituales y conocen bien las líneas y las estaciones, es comprensible que la reacción de algunos fuera gritar y golpear las puertas al encontrarse en otra línea.
La transparencia informativa y, sobre todo, la mejora de los equipos de tráfico y seguridad, son exigencias básicas en el metro de Valencia al que la historia, por desgracia, no permite errores.