El cronista parlamentario se levantó temprano y atravesado. Tocaba congreso: debate sobre las crisis de la economía y sus cuidados paliativos o de la crisis del gobierno, o de la económica crisis de la oposición paliativa, o de las medidas para el futuro cese de la ministra cautelar. Qué se yo, se dijo con desprecio hacia el mundo pero sobre todo hacia su persona. Infinitas dudas: coche, taxi o moto. Coche, bien, todavía hace calor y aunque el climatizador responde a sus propias sensaciones y no a las climatológicas, es más agradable que el sofocante casco y ya no digamos que el pastiche de olores, esterillas, colores y sinsabores de algunos taxis y taxistas madrileños. Tenía, como siempre, un esbozo de crónica anticipada de la jornada: se suponía lo que iba a pasar y lo que se iba a decir. Se trataba de acudir a refrendar, dejarse ver, pillar algún que otro off, y repercutirlo en exclusiva. De pronto, el líder de la radiofonía de sí mismo anunció algo que ya conocía pero que no recordaba: salía a la venta una edición remasterizada de todos los LP´s de The Beatles.
Fuera dudas: inició una travesía lenta pero segura hasta el megastore más próximo, esperó en la puerta a que abrieran y compró la primera negra caja de los chicos de Liverpool. Una vez en el coche, quitó celofanes ayudado por su navaja suiza, omnipresente y omnipotente, y decidió estrenar el primero. Acompañado de los acordes de Misery enfiló la cuesta de las Perdices para ir a ninguna parte. John Lennon le sentó al lado cuando escuchaba un cálido y fuerte Twist and shout. A la vuelta, desde no sabía dónde, Rubber Soul. Mientras tanto, oposición y gobierno seguían en la trinchera. Llegó a casa y mandó la crónica tal cual la había escrito el día anterior: no faltaba ni sobraba una coma: todo era lo mismo, menos los Beatles, o sea, mejores.