Si las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud –que no es un club de libertinos– proclaman sin duda ni equívoco, que cualquiera de las gripes de nuevo cuño –la porcina, la aviar y la A– causan menos muertes absolutas y relativas que la gripe común ¿a qué se debe tanta alarma y presagio de apocalipsis? Va a ser que, como a los adolescentes, nos atrae la idea de pasar mucho miedo con una peli de costrosas maldiciones y asesinos locos agazapados en el porche.
El sábado, precisamente, fuimos a ver la última de Sam Raimi, en compañía de dos hormonadas que sufrieron tanto como gozaron. Se llama Arrástrame al infierno y aunque la protagonista se pasa todo el tiempo tratando de evitar que se la lleven, el enunciado del título parece un imperativo, casi un arrebato amoroso.Por si los consejos de la OMS no les sirvan y prefieren las conspiraciones en la sombra o las maniobras político-financieras, adviertan que en la semana de más alarma las acciones de la firma que fabrica los antivirales subieron como el apéndice reproductor de un mandril en celo y que el primer gobierno en hacer acopio de vacunas fue el de Bush «Niño». Y se da la circunstancia o casualidad de que su secretario de defensa Donald Rumsfeld había presidido la compañía propietaria de la patente. Aún así si quieren alarmarse, por mi no se priven: hay personas para quienes la mala salud es algo vocacional y contra las vocaciones robustas no hay nada que hacer, como suele recordarnos el maestro Manolo Alcántara.
Veremos a la gripe A abrir muchos telediarios: el mundo del espectáculo porno-político, al que la televisión pertenece, consume inmensas energías en aquello que llamaríamos discrepancias retóricas, salvo Canal 9 que, siempre en vanguardia, ha inventado la discrepancia coincidente. «Blanques» o «Blanques y Negres» o «negres». Una discrepancia retórica, por ejemplo, es averiguar cuál de las dos cónyuges de Jesulín tiene razón, en qué no importa. Una coincidente sería discernir si las rentas del capital van a librarse de un aumento de la fiscalidad o si tampoco van a sufrirlo.