La venganza es un plato que se come frío. Los protagonistas de la moción de censura contra Manuel Pérez Fenoll presentada ayer en Benidorm lo saben bien. La práctica política deja en ocasiones heridas de muy complicada cicatrización, sobre todo en los municipios. Y la llaga que dejó hace ahora 18 años en Benidorm la moción de censura que llevó a Eduardo Zaplana a la alcaldía, con el apoyo de la tránsfuga socialista Maruja Sánchez, nunca ha dejado de supurar. El propio PP se ha encargado de que fuera así, manteniendo desde 1991 en la sopa boba a la colaboradora necesaria para el triunfo de la moción que impulsó la carrera política del ex presidente del Consell.
Los golpes dados por el PP en el presente mandato, apartando a los socialistas de las alcaldías de las vecinas Dénia y Calp, han ayudado a incrementar la ira de los socialistas de la Marina y en cuanto la aritmética ha posibilitado la recuperación de la plaza de Benidorm, absolutamente nada ha podido impedirlo, ni siquiera el hecho de que una de las firmantes sea la madre de la secretaria de Organización del PSOE, Leire Pajín.
La moción está provocando declaraciones cargadas de hipocresía y demagogia sobre el Pacto Antitransfuguismo de los responsables tanto del PP como del PSOE. Unos y otros se han encargado en numerosísimas ocasiones de convertir en papel mojado un pacto para luchar contra el transfuguismo casi desde el mismo día de su firma. Entre las 42 mociones de censura presentadas desde 2003, las hay de todos los colores. Al final, son siempre los ciudadanos quienes con sus votos dejan a cada uno en su sitio. Los benidormenses tendrán su opción en 2011 de dar su opinión sobre la moción de censura presentada ayer, una opinión, esta sí, de un valor incontestable.