La industria valenciana continúa bajo mínimos. Los últimos análisis realizados por patronal y sindicatos sobre la situación de este sector en la Comunitat dibujan un futuro poco halagüeño. Con caídas de la producción del 30% desde octubre de 2008 y la pérdida de 9.000 puestos de trabajo (el 8% del total) en el último semestre, el modelo de crecimiento valenciano necesita, sin duda, un giro copernicano para que a la vuelta de la crisis económica, que será larga según todos los expertos, la industria valenciana del metal no quede reducida a cenizas tras el desmantelamiento y la deslocalización de muchas empresas. El ministro Sebastián y el conseller Rambla deberían tomar cartas en el asunto. Por eso, cuando ya suenan los tambores de guerra desde centrales sindicales como CC OO anunciando grandes movilizaciones para el mes de noviembre por el bloqueo de la negociación colectiva, partiendo de la Comunitat, parece necesaria más que nunca la colaboración de los agentes sociales y económicos con las diferentes administraciones públicas de cara a consensuar e impulsar, a través de más inversiones, un tejido productivo que siempre ha sido un auténtico motor de la innovación y del empleo estable. Pinchada la burbuja inmobiliaria y de la construcción, urge ahora apoyar a la industria, sobre todo al automóvil y sus empresas auxiliares, aunque también al resto de pymes que dan empleo a 109.000 personas en toda la Comunitat.