El curso lento de los días, su transcurso sin que pase nada, funciona como un analgésico frente a la emergencia. Sin embargo, un país que se acerca paso a paso al umbral del 20% de parados se encuentra en estado de emergencia. ¿Hará falta un manifiesto ciudadano para recordar esto a la clase política española?, ¿o habrá que advertirles de que una emergencia económica y social puede acabar en emergencia política «sistémica» si la clase política es incapaz de dar una respuesta acorde a la magnitud del problema? Gobierno y oposición deben soltar su lastre táctico-partidista para ponerse al servicio de la sociedad en su conjunto, pactando cuanto antes un programa de salida de la crisis. No se debería seguir mucho más tiempo sin afrontar que la situación es dura, que los sacrificios deben ser compartidos, que la política de partido y de poder deben entrar en crisis para superar la crisis.