Mientras algunas pantallas excretaban a cañonazos, defendiendo sus posiciones con arrojo y valentía en la guerra total contra Belén Esteban o a favor de Belén Esteban, Cuatro emitía una rareza, hacía periodismo. Afganistán, españoles en la ratonera, es uno de esos trabajos que te atrapan de principio a fin.
Durante más de dos meses, dos tipos jóvenes con una mezcla de curiosidad, osadía, intrepidez, arrojo, inconsciencia, esfuerzo, tesón y rigor, trataron de retratar la otra cara de la zona oeste de Afganistán donde las tropas españolas, y desde hace ocho años, hacen labores de reconstrucción.
El cámara Sergio Caro y el reportero David Beriain se metieron en la boca del lobo, y hablaron con él. El lobo son muchos lobos, barbudos, con turbantes, acariciando con dulzura sus kalashnikov, como Fateh Mohamed, el mulá que adiestra a chicos suicidas.
Los reporteros consiguieron introducir cámaras para recoger la vida de los talibanes más allá de sus discursos amenazantes, de sus peroratas para justificar los atentados a todo extranjero, sin distinguir norteamericanos de españoles, todos embarcados bajo el techo de un único concepto, el de la guerra. Y los vimos bañándose en pozas de agua clara, sin sayos ni turbantes, y reír y divertirse y disfrutar con el espectáculo de los bailarines adolescentes con el que encauzan una sexualidad entre hombres que, por Alá, ellos no sienten como homosexual.
Pero su retorcido y sucio pensamiento es claro, se ama a quien se respeta, se respeta a quien lucha, y las mujeres no luchan. O sea, blanco, y en botella. David Beriain intentó hablar con los buenos, pero el ejército de Carme Chacón sólo le dio permiso unas horas, y sin salir de la base. Fuera de ella, la ratonera retratada.