Aquellos tiempos del cuplé

Francisco Mora

 01:45  
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He leído en este periódico que la primera decisión del nuevo director general de RTVV ha sido despedir a un tal Vicente Campos —no digo «tal» de modo peyorativo, sino porque no conocía su existencia—, responsable de gestionar toda la publicidad de Canal 9. Según la misma noticia, el despedido era «protegido» de Pedro García, en lo que algunos ven la causa de su defenestración. En eso y en que, al parecer, había llegado al cargo por recomendación de Arturo Blanch, según las mismas fuentes, estrechamente relacionado a su vez con el finado García.
Como se ve, un cóctel explosivo sí es que el cambio en RTVV va de vendetta o ruptura con el pasado. Que no lo creo, porque todo lo que no sea arrancar de raíz las malas hierbas sólo sirve para dar satisfacción a bajas pasiones que sólo buscan el quítate tú que me pongo yo. Vayamos por partes. Conocí a Arturo Blanch en mis tiempos de director de Radio 9, muy superficialmente, pero lo conocí. Mientras fue el responsable de la publicidad de la emisora, los ingresos al respecto tuvieron una entidad respetable, pero cuando Blanch se marchó dicha partida pasó enseguida a números rojos. Ésa es una realidad que yo ni quiero ni debo obviar. Hay que tener en cuenta que por aquel entonces Radio 9 era el huertecito de Vicente Sanz, que, aunque bajo cuerda, hacía con la bombonera de Blasco Ibáñez lo que le venía en gana. Era su juguete, por concesión de Zaplana como pago a los servicios prestados. Aparte de eso, Arturo Blanch siempre fue conmigo cordial y respetuoso y se mostraba perfecto conocedor de lo que llevaba entre manos.
Por aquellos tiempos, García era una pequeña liendre a la que aún le faltaban unos años para convertirse en el gran piojo que ha llegado a ser, pero ya apuntaba maneras en cuanto a sus posibilidades de encaramarse en la cucaña del poder bien remunerado. Ya tenía lengua de terciopelo y sabía bien el trasero que debía lamer para conseguirlo. Pero no adelantemos acontecimientos. Todo fue desaparecer Blanch y el ciudadano Villaescusa —por aquellos días director general de RTVV— puso la publicidad de Radio 9 en manos de un extraño grupo de indocumentados, que, entre otras cosas, robaron la tarjeta Visa a Reyes Juan, por entonces empleada de la emisora, dando lugar a una rocambolesca investigación de quien esto firma, que acabó con los interfectos en el banquillo. Entre esa tropa y las listas negras quedé vacunado contra cualquier oferta de trabajo previniente de un medio público de comunicación. Estamos hablando del glorioso virreinato de Zaplana en la Comunidad. Auténtica raíz de todos los gatuperios que han aparecido y aparecerán, mientras no se labre el bancal político valenciano y se siembre de nuevo con semillas no contaminadas.
Pedro García es un residuo de aquellos tiempos, en los que era apodado Pedrito «el corbatas», por su tendencia a copiárselas a su jefe directo, Eduardo Zaplana. No pasaba de ser un recadero. Él era el encargado de puentear a los directores para transmitir las consignas de su señorito a los jefes de área de la Radio y la Televisión, y obligarles a hacer cosas tan peregrinas profesionalmente como abrir los informativos con la visita del presidente a un casal de jubilados de cualquier pueblecito, pasando al cuarto o quinto lugar el fallo del Tribunal Superior de Justicia sobre una actuación de Zaplana cuando era alcalde de Benidorm, por poner un ejemplo. Cualquier cosa, con tal de complacer a quien tenía en sus manos sus posibilidades de trepar. En una de esas golfadas, le exigí al jefe de informativos el nombre de quien me había suplantado, obligándole a hacer el indio de ese modo, y cuando supe de quién se trataba, me permití el gustazo de echarle el teléfono, decirle el nombre del cerdo y advertirle que si persistía en sus bajezas se las iba a ver conmigo.
Aquello no se volvió a repetir, pero entre las listas negras —a las que me opuse— «el corbatas» y la panda de ganapanes que rodeaban al cartagenero, acabaron con la incomodidad que significaba para aquella especie de mafia. Asqueado de tanto aprovechado sin talento ni dignidad, y de tan abstruso modo de entender la comunicación como propaganda del poder político, dimití de manera irrevocable. Y bendita sea la hora, porque podría haber acabado con la misma dignidad que Pedrito, si hubiera sido dócil y bien mandado como él. Aunque eso era difícil, porque yo llegué a Radio 9 siendo un veterano profesional del periodismo, cuando Pedrito sólo era un trepa dispuesto a ejercer de felpudo de quien le ayudara a escalar la cucaña. Eso sí, al citado elemento siempre le gustó vestir como un muñeco, como muy bien se ha visto después...
Cuando comprobó que Zaplana había caído en desgracia, a «el corbatas» le faltó tiempo para traicionarlo y ponerse a las órdenes de su sucesor. Ahora amenaza con dedicarse a la empresa privada. Lo que les faltaba a los empresarios en esta época de crisis...

«Benidorm, siempre Benidorm». Rajoy ha puesto el grito en el cielo a cuenta del chanchullo político de Benidorm que arrebata la alcaldía al PP, echando mano de la celebre frase del príncipe de Dinamarca aplicada a la ciudad alicantina. «Algo huele a podrido en Benidorm», ha dicho el líder popular. Y es verdad, sólo que el pestazo hace mucho tiempo que envuelve aquel ayuntamiento. ¿O acaso se olvida don Mariano de que el popular y ahora telefónico Zaplana fue alcalde de aquella localidad gracias a una tránsfuga socialista de nombre artístico Mery Sánchez, que tuvieron escondida en Londres hasta que se resolvió el asunto? O sea, que lo que mal huele mal acaba, y ahora la operación a la inversa sin huida a la «rubia Albión» desespera a la derecha igual que entonces desesperó a la izquierda. Tiempo han tenido desde entonces de limpiar la cochiquera y rociarla de zotal para acabar con el mal olor...

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