Moderno, decidido, impactante, distinto, didáctico, contundente, valiente. Hay que tener las ideas muy claras y estar muy convencido del resultado para optar, como ha hecho la firma Carrefour, por no promocionar en los veinte segundos de sus anuncios lo concreto, un lote de latas en oferta, un paquete de azúcar regalado, unas gambas congeladas sin competencia. Carrefour ha disparado alto. Y se ha ido a la publicidad exquisita, la que da prestigio. En el anuncio que ahora vemos de la firma no se vende prosa, se vende lírica, Carrefour vende valores.
Es una apuesta por el medio ambiente con imágenes simples que todo el mundo entiende. 400 años son muchos años para que nuestro planeta digiera el material plástico de las bolsas que con tanta alegría retiramos de la tienda, nos llevamos a casa, y sin darle importancia, nos deshacemos de ellas sin que tiemble la conciencia. Ahí quiere llegar Carrefour.
Con la simplicidad de la mejor pedagogía nos muestra una playa, un tronco que aplasta una bolsa de plástico agitada por la trepidación del tiempo, y un loco contador que alcanza una vertiginosa cifra, cuatrocientos años, más de cuatro vidas para que ese desperdicio desaparezca. Sobre el mismo mensaje se emiten diversos anuncios, todos con una conclusión, está en nuestras manos evitar la degradación de los mares, de la tierra.
Podría ser el anuncio de una institución, de un organismo oficial, pero la sorpresa llega al final, cuando aparece el logotipo de Carrefour cerrando los segundos de su noble campaña.
Es admirable que esta red de comercios, y en tiempos tan difíciles, opte por la promoción sublime, por el prestigio, por la concienciación cívica en apoyo de algo que, por ser de todos, parece que relaja nuestra responsabilidad. Enhorabuena.