Más de un siglo de vida contempla al Círculo de Bellas Artes de Valencia, una de las instituciones señeras en su día de la vida cultural valenciana junto al Ateneo Mercantil, la Real Sociedad Económica de Amigos del País y la Academia de Bellas Artes de San Carlos. La institución, creada en 1894 por un grupo de creadores que apostó por la unión de los artistas como vehículo de dinamización artística y cultural de la ciudad, ha contado en su seno con nombres como Agrasot, Sorolla, Benedito, Muñoz Degrain, Benlliure, Mongrell, Verde, Porcar, Lozano..., entre otros de los muchos que han escrito la reciente Historia del Arte Valenciano. El Círculo ha sobrevivido a las tensiones políticas gracias a su independencia, pero en la actualidad no consigue subsistir a una situación financiera delicada que ahoga su pervivencia y la ha situado al borde del abismo.
La arriesgada apuesta en su cambio de sede, el elevado coste de su mantenimiento y la falta de patrocinadores han conducido al Círculo de Bellas Artes a un complicado callejón cuya salida se presume difícil de resolver por sí solo. Como institución, no debería languidecer y sí poder mantener su apuesta por la formación y difusión cultural. Existe un sinfín de fórmulas capaces de articular una colaboración interinstitucional que, sin perder de lejos las inversiones, permitieran rentabilizar su local social y sirvieran para que como organismo mantuviera la presencia y, sobre todo, su memoria y legado.