Espléndido recorrido de Eduardo Guillot en La Cartelera de Levante-EMV sobre las grabaciones de Leonard Cohen al cual sólo cumple añadir un par de anotaciones sobre versiones suyas de canciones no compuestas por él pero significativas respecto a los orígenes de este polifacético autor que incluyen párrafos expresivos sobre su opción política y su condición nacional. Se trata de The partisan, también interpretada, entre otros, por Joan Báez, y The lost canadian. (Un canadien errant), que también lo fue por Jack Kerouac. Ambas con textos en francés que expresan, en el primero de los casos, su admiración por la lucha de los partisanos en Francia, país de sus antepasados, y en el segundo su admiración por la lucha de generaciones anteriores en su país, Canadá, Estado de Quebec.En The partisan, originalmente La complainte du partisan, el romance del partisano, letra escrita por un verdadero guerrillero de nombre, Bernard -en realidad Emmanuel d´Astier de la Vigerie- y música de Anna Marly, fue compuesta, en Londres en 1943, en homenaje a la resistencia francesa en la II Guerra Mundial, cuyo inicio, el 1 de septiembre de 1939, acaba de conmemorar su setenta aniversario. En ella, la esperanza que transmiten las hermosas voces del coro contrasta con la tristeza de la voz de Cohen ante la violencia del nazismo. Juntas advierten, las fronteras son mi prisión, pero debo continuar; he cambiado cien veces de nombre, pero tengo muchos amigos; no tengo miedo; la libertad pronto vendrá.
En The lost canadian - o mejor, en francés, como la interpreta Cohen- Un canadien errant, su voz se vuelve viva, incluso festiva, y acompañado de trompetas, violines y guitarras, como queriendo pregonar a los cuatro vientos la suerte de sus antepasados rebeldes en la guerra de 1837, que fatalmente devino en muerte o exilio para ello, expresa la convicción en la lucha contra la pobreza y las injusticias sociales que sus compatriotas llevaron a cabo, hace más de 170 años, y que los convirtió en fugitivos errantes. Más tarde, Antoine Gérin-Lajoie, en 1842, compuso un texto sobre este episodio que se convirtió en himno para los habitantes del Estado de Quebec. Hoy Quebec, todavía lo recuerda y continúa teniendo muy presente su historia. Hasta en las matrículas de los automóviles se incluye la expresión «je me souvien de», que rememora aquel episodio y que se incluye en una de las estrofas del himno. Posteriormente Cohen recogería de nuevo esta melodía, ya popular entre la población, en su composición The faith, donde las voces del coro, Anjani Thomas y Sharon Robinson, cuestionan toda muerte por motivo de fe religiosa, por la cruz, la estrella o el minarete. Toda una lección de este canadiense errante que visita hoy de nuevo Valencia.