Por los síntomas, Zapatero se está encapsulando, mientras un lento goteo de ex ministros deja escaño porque el presidente ya no se comunica ni les dice cositas al oído. Aunque la inexistencia de protocolos médicos al respecto no permite caracterizar bien el síndrome, la tendencia del gobernante a meterse en la cápsula suele ser función directa de dos circunstancias: la envergadura de los problemas y la seguridad en uno mismo. Cuanto mayores son los problemas y más seguridad tenga uno en sí mismo, más fácil es acabar encapsulado. Suárez, González y Aznar sufrieron el síndrome, cuyo síntoma exterior es una sonrisa forzada y rígida. Faraones que se encierran prematuramente en la pirámide. En alguna foto reciente, la eterna sonrisa de Zapatero muestra signos de congelación, por lo que la cápsula se puede estar cerrando. El desencapsulador que le desencapsule buen desencapsulador será.