Debo sentir, como tantos otros, que este país está en manos, si es que son manos y no otra cosa, de la banca porque queriendo glosar el talento como director del MIM de Abel Guarinos, escribí Abel Matutes. Contra el automatismo psíquico, presencia y conciencia, he de volver al yoga. Pido perdón a Abel, al que no porta quijada de asno. Mira por donde parecen reales aquellos rancios panfletos maoístas o nacional-sindicalistas –venían a ser lo mismo– donde el cuadro apocalíptico tenía un final redentor en forma de compactas y saludables columnas obreras que avanzaban hacia el futuro, tomadas del brazo. Ahora si dos obreros se toman del brazo, es que son gays.
Y hablando de gays, un amigo mío que es muy listo, me contó que fue a meter unos ahorrillos para los malos días en la típica caja fuerte de los bancos –esas que revientan los butroneros astutos– y sólo encontró una de las pequeñas. Las medianas y las grandes estaban todas copadas, debe haber gente que guarda la mecedora de la abuelita o es que no me imagino las pilas de billetes de quinientos a partir de cierto cubicaje. Aquí tienen ustedes la respuesta a la pregunta, tanta veces formulada: ¿Se esfumó el dinero que antes corría tan alegre como un cabritillo? No, en absoluto, se ha escondido como un cabroncete.
Aunque había millones de pequeñas empresas en apuros y aún más ciudadanos con el piso hipotecado, los recursos líquidos de los Estados –hubo un tiempo cercano, que parece de otra era, en que las cuentas públicas arrojaban superávit– para pagar el rescate financiero de los bancos que se habían metido, ellos solos, en un berenjenal, como una especie de política socialdemócrata al revés: en vez de socorrer a las personas atropelladas por conductores enloquecidos, se le pagaba otro coche más tranquilo y con menos nervio al temerario. Y suerte que el turismo sigue tirando mal que bien porque Zapatero decía que habíamos alcanzado a Italia (y en efecto, tenemos tantos chorizos como amigos Berlusconi), como si Maserati, Ferrari o Lamborghini fueran apellidos de Soria.