En sólo cinco días, el moderno túnel de acceso a la ciudad de Valencia por el Norte, en la avenida de Cataluña, ha quedado fuera de servicio cuatro veces por inundación. El agua de septiembre, en mayor o menor cantidad, ha arrumbado en menos de una semana la imagen de una obra que ha costado 24 millones de euros y que desde que fue inaugurada, el 19 de junio pasado, ha protagonizado un penoso debate entre los representantes del Gobierno socialista y los del ayuntamiento popular.
En estos tres meses, los defensores de la obra, ejecutada por el Ministerio de Fomento, han presumido de su diseño y su avanzada concepción, acusando al ayuntamiento de intentar desmerecer el trabajo. En el municipio, varios concejales han incidido una y otra vez en que el enlace empeora el tráfico en lugar de mejorarlo y han magnificado que había hierbajos en la parte superior del túnel, negándose a recibir la obra y bloqueando su mantenimiento normal.
Las primeras tormentas del otoño han venido a sacar los colores a todos los intervinientes en la incesante y profunda polémica. El delegado del Gobierno, Ricardo Peralta, aún no ha explicado por qué un túnel que era tan moderno se inunda con tanta facilidad, y el ayuntamiento no ha dado un solo paso para resolver el problema urgente de miles de ciudadanos que después de soportar más de un año de obras y atascos en un acceso clave, y pagar el túnel con sus impuestos, merecen más respeto del que reciben.