Los valencianos no tenemos problemas graves con nuestros vecinos. Al sur de Alicante cocinan con huevo, cebolla y calabacín una cosa que llaman zarangollo, un nombre que, por la sonoridad, no parece de nuestra nissaga, pero quién sabe. Hablando de platitos, el alcalde de Vinaròs, Jordi Romeu, al norte, dijo en la presentación del concurso de cocina del langostino, que se celebra el próximo lunes, que aspira a convertir a su pueblo en plataforma para el turismo por una amplia zona que incluye el Delta y el Montsià, el Maestrazgo, Morella y la Matarraña. Abierto a tres reinos. Ya ven, ningún problema con los vecinos.
La Generalitat que encabeza Nuestro Querido Líder no alienta ninguna reserva y menos aún hostilidad hacia los murcianos. Y hace bien, pero ¿Alguien podría explicar por qué promueve mucho de lo uno y bastante de lo otro hacia todo lo que representa Cataluña? La casualidad ha querido que esta semana de langostinos y zarangollos haya coincidido con la publicación por la revista satírica El Jueves de un trabajo apabullante de Ladislao Kubala, valenciano pese al nombre: allí se hace un feroz retrato de un régimen, porque esto es un régimen que, tras el paréntesis de relativa quietud identitaria que supuso el mandato de Zaplana, ha querido construir un movimiento populista, un regionalismo bien entendido, un «reich» de reafirmaciones y recalificaciones que en vez de mil años ha durado menos que una traca.
Hablando del reich, el otro, cuenta Víctor Klemperer que cuando la derrota alemana ya era cosa segura, la gente seguía creyendo en la aparición de armas milagrosas y hasta veía el rostro del emperador Federico de Prusia reflejado en una nube. Aquí, ni las malas relaciones con los gobiernos de Madrid y Barcelona, ni los peores indicadores en empleo, educación, sanidad y tejido industrial, ni el pestazo de la corrupción, parecen haber minado al régimen, por ahora. Pero su fin no será el wagneriano incendio del bunker berlinés, sino una riada de naftalina cuando se rompan los diques del armario repleto de un presuntuoso.