Maldeojos

Sí, podemos

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CIPRIANO TORRES Ofendido, humillado, el director de otro de los pudrideros más refulgentes de Telecinco bramó por la descortesía de los que en el sumario previsto eran invitados y cuando La Noria dio comienzo se bajaron del columpio. Jordi González sacó su vara de atizar y miró a la cámara, es decir, a los ojos de Amaia Salamanca recriminándole la ofensa, que no voy, dijo la señorita del paraíso de las tetas, porque el programa no está a la altura de mi elegancia.
Es cierto, La Noria no es Días de cine, pero querida, Sin tetas no hay paraíso tampoco es Mujeres desesperadas. Sí acudió la simpática María Castro, que está por encima de esos arrebatos de estrellita. Y para demostrar que una actriz hoy es Jessi, la gran dama del burdel al que acuden policías, jueces, o ministros, pero mañana puede ser la monja compañera de celda de Teresa de Ávila, o la misma santa Teresa, la gallega se presentó al predio de Jordi con rosquillas para todos. Es buena táctica. Si endulzas la boca de las víboras el veneno será menos letal.
¿Está envenenada por terceros la de Arturo Canalda, Defensor del Menor de Madrid, interesado por Andreíta Ubrique Esteban, la niña que no se quería comer el pollo? Quizá un buen bizcocho, unas buenas rosquillas, un filete de pechuga empanado a tiempo habrían evitado el despropósito en que vivimos desde hace una semana, con peligro de ruptura de España incluido. De nuevo, el comodín Antonio Machado entra en acción porque una de las dos Españas, la de María José Campanario, la de Belén Esteban, ha de helarnos el corazón.
Que se quiten los tránsfugas de Benidorm, que se olviden los que proliferan en el sector de don Mariano Rajoy. En el corazón de la gente, chiquitito, no están las diatribas que reproducen las tertulias de la mañana cuando Concha García Campoy, después de su pulso diario al estado del puterío en las calles, de todas las calles, de todas las ciudades, da paso a su cuadro de analistas, y eso que Vicente Vallés, o Victoria Lafora, se curran el sumario del día. Pues ni por esas. Dicen que estos saraos dan prestigio, ¿de verdad?, pero poca audiencia, eso es verdad.
Volvamos la vista de nuevo a Telecinco. La mamá de Andreíta ha obrado el milagro. Ha dejado el furgón de cola de las audiencias y lleva días siendo la campeona dedicando su programación al único asunto que tiene en vilo a este país. Me entero de que Paolo Vasile, consejero delegado de la casa, pierde la olla si le mientan La sexta, de la que asegura que no ve nada de su programación porque no le gusta. ¿Cómo? A ver, o los italianos, Berlusconi incluido, están hechos de otra pasta, o eso es imposible. No ve los programas de La sexta porque no le interesan, porque no le gustan. Es decir, que los ha visto. La única explicación lógica la da el propio Vasile. Dice que se despierta a las cuatro de la mañana para conocer los datos de audiencia del día anterior. Ahora todo encaja.
Hay que estar zumbado. Un yonqui de las audiencias como Paolo es capaz de todo, hasta de creer que se baña en el mar muerto cuando en realidad los cadáveres putrefactos que lo rodean tienen nombre y apellidos. Todos con espíritu de vencedores. Son muertos muy vivos.
Fíjense en Jorge Javier Vázquez, el maestro del realismo mágico. Se ha convertido en el valor más seguro de la cadena. Por encima de la bien cardada Ana Rosa Quintana, obligada a trasegar con la escoria de Gran Hermano, abriendo a diario sección para analizar las cagaleras de Guadalix. Jorge Javier Vázquez está por encima de esas chorradas. Lo suyo es la creatividad, es decir, la libertad. Hoy por hoy, aunque el mismísimo Vasile lo odiara, nadie le tose. Se zampó en dos tardes a María Mariñas y Jesús Patiño, arrinconados por el vendaval de la juega vespertina de las chicas de oro, desde Carmela Marchante a Milagros Ximénez, desde Lidia Lozano a Kiko Hernández, un grupo cohesionado que ni siquiera, o muy poco, hacen crónica rosa.
Sálvame es un formato nunca visto en televisión aunque la gente, en un primer momento, crea lo contrario. Que no, que no, que no es Aquí hay tomate, que allí se tomaban en serio los puyazos a Isabel Pantoja, que allí alzaban la garrota contra la primera que se negara a responder, que eran truculentos, manipuladores, que ejercían de feroces verdugos sin piedad. ¿Se han dado cuenta de que en Sálvame no existe equipo de reporteros? No les hace falta. Se bastan ellos mismos.
Bailan, cantan, cuentan chistes, convierten en reportaje la subida de Kiko a su camerino porque Jorge Javier le ha impuesto una multa por decir follar en horario protegido, pero como no lleva encima los cinco euros lo manda a por ellos seguido por una cámara. Las órdenes de Vázquez no se discuten.
A ver, Carmela, vente conmigo, que te voy a dar un yogur para que te pases por la comisura de los labios los dedos, así con ese gesto tuyo de señora finolis venida a menos. Y Karmele, dócil, atraviesa el plató, que también se convierte en un personaje que enseña las tripas, con sus cables, cámaras estáticas, jefes de estudio, sombras, maquilladoras, y llega a la nevera con el gurú indiscutido, abre la boca, Jorge Javier le mete la cucharilla, Carmela se retira con los dedos los restos de yogur de la comisura de los labios, echan unas risas, y dan paso a otra ocurrencia.
Así durante tres horas, a piñón fijo. De repente han descubierto que la risa, el disparate, la fiesta, la banalidad absoluta, la picardía, y el circo y la pista, literal, son rentables. Sálvame no es nada. Es un reflejo perfecto de nuestros días, de inteligencia débil, de levedad alarmante, de huidas hacia el abismo, así que lo es todo. Es televisión. ¿Y dónde se quedó la mamá de Andreíta? Reservada para el final.
Conocen la noticia de que Juan José Cortés, el padre de la niña Mariluz, está siendo cortejado por el partido de Rosa Díez para encabezar su candidatura a la alcaldía de Huelva? ¿Quién es Juan José Cortés? Un producto de la televisión. Pues nada, temblad, ocupantes y aspirantes a La Moncloa. Resumo la situación en un grito de apoyo. Belén Esteban for president, yes we can.

¿Cómplices?
Como Antena 3 liquidó la almoneda de menudillos indigestos que regentaban por la tarde los patiñeros, expulsados por la puerta de atrás, ha llegado JR, Larry Hagman, para cobrar un pastón por una aparición en Cómplices, un lío de búsquedas, padres biológicos, y ambiciosas sin escrúpulos. La comedia pretende que los esfínteres se vuelvan locos y no paremos de reír. Y no. Así es imposible la mayor, ser cómplices.

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