Me rindo a la maestría, a la gracia, a la gamberrada continua de los cirujanos, enfermeros, forenses, limpiadoras, y guardias de seguridad que culebrean ante la máquina del café en la que ahora, aunque se pasan todo el día frente a ella, no lo prueban.
Van en bata blanca, pero no son, ni de lejos, de la tropa de House, ni mucho menos de Hospital Central. Al doctor House de Hugh Laurie se le escapan frases de veneno de mucho impacto, los de Hospital Central ignoran el humor. Para eso están los de Fibrilando, creo que lo único que hoy se puede ver en Telecinco sin prevención, sin mascarilla.
La tropa la forma la banda de cuates de Cámera café y con los nombres conocidos, Antúnez, La Cañi, Quesada, la Choches. La otra noche, el doctor Lacalle, ese maestro de la locuaz inexpresividad al que conocemos de Muchachada Nui y de la desquiciada nave Plutón BRB Nero, oficiaba una escena de alto surrealismo como forense maniático interpretado por Carlos Areces. Atrapado por sus manías, es incapaz de hacer algo si de repente le entra el ataque, aunque ese algo sea abrir en canal el cadáver que tiene delante. A ver, le preguntaba la cirujana Victoria de la Vega, Ana Millán, ¿dónde estaba la mierda exactamente? Mira, contesta el doctor Lacalle, había un montón de cerebros a este lado, al otro un sándwich verde, y yo en medio.
La trepidación de los gags es conocida, no da tiempo a reír y asimilar tanta ocurrencia salvaje, y no es poca la que cuenta el anestesista Palacios, que en vez de dar al cirujano el bisturí que le pide le mete al enfermo la mariconera en el cuajo, y lo cosen con ella dentro. No se llama mariconera, salta La Cañi, se llama bolso masculino. Ya, una mariconera, responde Choches. No se pierdan Fibrilando, una isla en Telecinco.