Maruja Sánchez, con un «look» más cuidado que en el 91 de aquí a Pekín, diseccionaba en la víspera lo sucedido: «Podía haber sido alcaldesa si hubiese querido, pero conocía los deseos de Pérez Devesa y contó con mi apoyo... No soy una tránsfuga porque no venía de ningún sitio. Me metieron en el pesoe porque les interesaba que yo no fuera independiente... Poseo información de todo tipo, pero la mano derecha no debe conocer lo que sabe la izquierda... No tengo parecido alguno con Bañuls... Entiendo perfectamente que la gente piense que he estado 18 años viviendo a costa del erario público».
A las 12.47, Agustín Navarro, cabeza de cartel socialista, era proclamado alcalde de Benidorm y, su primer gesto, fue abrazar a José Bañuls. Fuera, llovía. Llevamos días que no nos libramos. De sobra es sabido que en estas tierras no hay término medio. O pertinaz sequía o cualquiera diría que San Pedro y los suyos se han ido de botellón justo encima. Ahora tocan descargas, antesala de posibles inundaciones. En los prolegómenos, se habían dado sus raciones de tensión entre las dos aficiones, momentos que también se vivieron en el post. Gasol, que está al llegar, podría decir sin margen de error: «... pero si aquí me superan en rebotes».
El arranque del baranda Navarro, con su bastón de mando, certifica que esto es insuperable: «Comienza un nuevo ciclo en Benidorm». Es el trance idóneo, Agustín, para incidir en el turismo de congresos. La convención de tránsfugas ya la tienes. Con su cargamento de piruetas y de juegos de palabras, las dos grandes formaciones han puesto todo de su parte para convencernos de que, en este baile de asonadas, la legítima es la suya.
Es de agradecer pero, dieciocho años después, suena más interesante lo que pueda decir Maruja, convertida ya ven en politóloga de cabecera. Más estimulante, imposible.