Hace treinta años apareció en Sueca y Valencia una revistilla satírica llamada a provocar alguna conmoción. Era El Corcó. Concebida por Vicent Ferri —éramos muy jóvenes y Vicent tenía una melenita de Niño Jesús que siempre le envidié— era un cúmulo de gamberradas destinado a escandalizar a la beatería local. Tuvimos éxito, pues Ferri fue procesado como presunto injuriador de una concejala. El percance acabó en el Supremo: por primera vez se aplicaba de forma directa y no como fuente remota de legitimidad el precepto constitucional que establece el predominio de la libertad de expresión sobre otros bienes protegibles que no hayan sido lesionados claramente.
No digo todo esto por nostalgia, al diablo la nostalgia, sino porque éstas y otras historias son recogidas en un documental recién horneado por Carles Galletero y Eloi Càrcel y también para que vean que la capacidad de encaje de nuestra clase política no ha mejorado gran cosa en tres decenios, aún no he visto una caricatura de Nuestro Amado Líder en Canal 9, parece la Virgen de Loreto, y al profesor Jesús Neira, ese mismo al que casi mata un energúmeno por salir en defensa de una mujer agredida, se le ocurrió hacer un chiste sobre Zapatero durante el pregón de fiestas de la muy ilustre villa de Majadahonda y el PSOE local, anfitriones del mantenedor, ha cortado por lo sano y amenaza con reimplantar la censura previa, además de considerar que se ha mofado del presidente y que el chiste está «falto de originalidad». El día que los concejales hagan crítica literaria, los urólogos habrán de dedicarse a la lampistería.
El propio Zapatero tiene más y mejor correa. Fue el primer presidente en muchos años que salía por televisión y no parecía que se le había muerto el perro. En un país de chusqueros donde la mala leche se mide en hectómetros cúbicos era un tipo que reconocía haberse equivocado. Pero, cuidado, también Felipe González empezó muy bien y luego los «poltergeist» de la Moncloa le sorbieron el alma dejándole una cara de gárgola.