Nada más ponerse en marcha, la maquinaria benidormí empieza a cosechar efectos sintomáticos. El primer edil, Agustín Navarro, ha querido quedarse con la gestión directa de parcelas tan variopintas como Nuevas Tecnologías, Atención al Ciudadano y Cementerio. Esta última es de suponer que, después del golpe, será para asegurarse. A Bañuls, que le ha caído ser primer teniente del alcalde a pesar de la controversia legal existente —qué raro—, llevará Seguridad, Participación Ciudadana, Movilidad —se la ha ganado a pulso— y Agua, a las que hay que agregar algo llamado Concejalía Técnica de Estadios y Proyectos de Infraestructuras. Al plantearse esta posibilidad se produjo, al parecer, un debate riquísimo. El tránsfuga que abrió la espita a los doce restantes no entendía que hubiera que detenerse en tanto estudio en lugar de pasar directamente a lo de las contratas por lo que todo apunta a que, en el futuro inmediato, puede ser aún más rico. A Maite Iraola, la madre de la artista, le ha entrado en el paquete la Casa del Mediterráneo, con lo que ya ha quedado revelada la foto de familia. Pero los efectos tienden a expandirse. A Jorge Alarte, tras un año aguardando a que le den bola en Canal 9, le han señalado al fin hora para su bautismo y, como se le ocurra quejarse, no sería de extrañar que para compensarle lo entrevistasen a diario. Y también sale salpicada la esfera provincial. Según Ripoll, «es la primera vez en democracia que trece tránsfugas dirigen un ayuntamiento y así será muy difícil hablar con la nueva corporación porque los actuales integrantes del gobierno local se presentaron a las urnas como miembros de un partido al que ya no pertenecen». Y ahí se detuvo por precaución, aunque no le hubiera importado continuar: «...y encima el decimocuarto, que sí que pertenece al mismo, es Pérez Fenoll».