El hambre es terrible, y cuando la caza escasea los lobos se matan entre ellos. Resumo así los comentarios de algunos lectores en relación a la trifulca en plena calle de dos altos cargos del PP del ayuntamiento de Villena, en Alicante. Otro, más cínico y feroz, daba la puntilla diciendo que todo es mentira, cosa de Zapatero, porque no ha salido en Canal 9.
Así que dejemos que se maten, escupan, insulten entre ellos como hacen en Gran Hermano, que si ayer fueron Juan Richart e Isidoro Gosálbez, mañana podrían ser el mismísimo Francisco Camps y Rita Barberá. Viva el botellón, grita otro lector. No es anecdótica la trifulca de Villena, responde al envilecimiento de la política, que los ciudadanos vivimos con pasmosa perplejidad, como el espectador envilecido que echa la culpa de la programación a las cadenas, olvidando que en casa es el dueño del mando.
Ejercí ese poder viendo la peliculita que Tele 5 emitió la otra noche sobre Paquirri. Viva el botellón. Ni siquiera el morbo por el personaje creado tras su muerte, una historia de exclusivas, titulares, portadas, Carmina Ordóñez por aquí e Isabel Pantoja por allí, con sus respectivos retoños nacidos de la estaca del torero, desde la elegante guapura de Cayetano Rivera a la ruda presencia en los burladeros del chiste de Paquirrín, justifica semejante despropósito.
Todos sabemos que Antonio Velázquez, el actor que hace de tío de la muleta, no es torero, y que las tomas con toro vivo están trucadas, que el chaval ha tenido que prepararse su personaje, pero el resultado, burdo, resume el fallido esfuerzo del conjunto.
No sé cómo era Paquirri en realidad. En la miniserie es un asalta bragas de mentalidad primitiva sin matices, una caricatura. Prefiero a los luchadores de Villena.