Zapatero ha decidido llevarse a Nueva York a sus dos hijas adolescentes. Han viajado con su padre, en el Airbus de la Fuerza Aérea, mientras su madre, Sonsoles, lo hacia en un vuelo comercial, un día después, invitada por el matrimonio Obama. El viaje de las chicas ha levantado una gran polvareda , pero si algo ha caracterizado en estos años al matrimonio de la Moncloa ha sido la absoluta discreción en su vida familiar. Hay voces interesadas que ya hablan de utilización indebida de medios del Estado. Conviene recordar que el Airbus tenía que viajar a NY sí o sí, que es un avión con suficientes plazas como para alojar a dos menores sin incrementar los gastos del viaje y que, una vez en Estados Unidos, Sonsoles y sus hijas tienen su agenda privada independiente de las jornadas de trabajo del presidente del Gobierno. Curiosamente, la familia Zapatero se ha desplazado a un país donde su máximo responsable viaja con sus dos hijas de forma habitual como hizo en su visita e Europa a comienzos de verano. De la memoria colectiva todavía no se ha podido borrar el recuerdo de los fastos del bodorrio, en el marco incomparable de El Escorial. Eso sí que fue la ocupación de un espacio público para la exhibición de un acto religioso privado, como es casar a una hija llamada Ana Aznar Botella. ¿Cuántos de los invitados a aquellas pompas no desearían los novios y su familia borrar de las imágenes del enlace? ¿Correa, el Bigotes, Briatore, Berlusconi? No se debe mezclar el culo con las temporas. Una cosa es la crítica a la labor de Gobierno, a la gestión de la crisis económica, a la propuesta de subida de impuestos o a la improvisación en las medidas tomadas hasta ahora para afrontar la pérdida de puestos de trabajo. Otra muy diferente la reprobación de cosas fútiles que implican a terceros.