Rodrigo Rato sobrevuela Caja Madrid y orbita –como efecto causal– sobre la posible fusión entre la CAM y Caja Murcia. Hubo un tiempo, que todavía impera, en el que el PP removía la idea de erigir una gran caja unidimensional, matrimoniando a la CAM, Caja Galicia y Caja Madrid como referente identitario contra La Caixa. El asunto no es baladí y limita con el poder político.
Todavía colea la ironía del Financial Times: señores banqueros, si han sido rescatados con dinero público no es porque les amemos, sino porque les necesitamos. Algún día la banca marmórea y los satélites vinculados a las administraciones autonómicas entenderán que, unos y otros, prolongan las exigencias del servicio público, al igual que las empresas de energía o de agua.
Y la política –bien entendida– ha de velar, desde sus ámbitos de actuación, por la efervescencia de su esfera pública. No hará falta recordar que la última crisis ha acabado enterrando el mito de la mano invisible.
Cada vez que el Banco de España, el Gobierno o la Federación de Cajas advierten sobre la necesidad perentoria de la integración de las cajas y se remueve la posible fusión Bancaja/CAM, algunos círculos de Alicante tiemblan y contemplan la posibilidad intracomunitaria –la articulación de un «sistema financiero» pegado a la realidad inmediata, refractario ante las amenazas externas y vigoroso en el mercado nacional– como una encarnación diabólica.
Es el mismo prejuicio que Valencia corporeizaba respecto a Cataluña, hoy amortiguado gracias a las mayorías absolutas del PP, entre otras cosas múltiples cosas. Algún día, esos poderes fácticos de Alicante, administradores de la opinión pública, percibirán que actúan contra sus propios intereses, por mucho que defiendan los suyos propios a corto plazo. Para subvertir esa situación hay que poseer sentido de la historia, como se decía antes, o, como se dice ahora, anchura de miras.
En el caso de Bancaja/CAM sus argumentos no han cambiado. Hay solapamiento «administrativo» y geográfico. ¿Y no lo hay con Murcia, donde está sólidamente implantada la CAM, o con las distintas fusiones en marcha en geografías administrativas comunes? De nuevo, no son los números sino las ideas localistas las que retroalimentan el fantasma.
Modesto Crespo ha recibido varios mensajes desde Valencia para meditar sobre los distintos escenarios y cultivar algunos estudios –y estadios– comunes con Bancaja.
Sin éxito. La perversa ideología «identitaria» entierra hasta la posibilidad de diálogo. Y en la misma autonomía.